Ignacio Gómez de Liaño

 

 

Calaveras con cuerpos filiformes que copulan. Calaveras que se miran en el espejo que le ofrecen otras calaveras, y se disponen a besarse en su reflejo. Calaveras cuyo cuerpo es una rama florida que anuncia el renacimiento por venir. El arte de Hugo Bruce es un arte para la meditación. Para la meditación sobre la muerte y sobre la vida, sobre la muerte que es toda vida desde el momento en que nacemos y sobre la vida que es toda muerte desde el momento en que el alma remonta el vuelo para emprender esa nueva jornada. Una meditación, en fin, sobre ese cruce de vida y muerte que es el enigma de la Cruz.

          Y es una meditación que me recuerda aquellos versos inmortales de Quevedo, que dicen:

 

                     «esperando está la sepultura

                     por semilla mi cuerpo fatigado.»

           O aquellos otros:

                     «Si hija de mi amor mi muerte fuese,

                     ¡qué parto tan dichoso que sería

                     el de mi amor contra la vida mía!»

           O estos, en fin, definitivos:

                     «En el hoy y mañana y ayer junto

                     pañales y mortaja, y he quedado

                     presentes sucesiones de difunto.»

 

           Presentes sucesiones de difunto que surgen de la semilla de un cuerpo fatigado como si fuese el dichoso parto de un amor tan alto que atenta incluso contra la vida. Presentes sucesiones de difunto que Hugo Bruce realiza como exquisito orfebre orfebre del Ser y del No-Ser y que presenta en la clausura de fanales como aquellos que protegen preciosos relojes o frágiles jarrones sobre las marmóreas chimeneas de los palacios, o como aquellos destinados a exhibir las raras y frágiles reliquias reunidas por Felipe II en El Escorial, si es que no están destinados a mostrar raros y frágiles artefactos, aquellas maravillas que guardaba en su wunderkammer Rodolfo II, el sobrino alquimista del Rey Prudente.

           Son tan raros y frágiles los inquietantes artefactos de Hugo Bruce como sólo puede serlo el abrazo del amor y la muerte.

 

                                                                  Ignacio Gómez de Liaño

 

 

 

                                                                Jacobo Fitz-James Stuart

Dicen los técnicos que los colores de las plumas del pavo están ahí exclusivamente para asegurar la multiplicación de pavos: las plumas ayudan a encontrar pareja y esa es su única función. Con esta explicación uno respira tranquilo como si no hubiese nada más que decir, como si el hecho de que las aves necesiten de un despliegue de belleza para jalearse no fuese ya de por sí motivo de vértigo. 

Hugo Bruce trabaja precisamente con esa cualidad desbordante de la naturaleza que permanentemente tratamos de normalizar o de ocultar.

Cada uno trata de comprender lo vivo según su credo, madre naturaleza, edredón de energías, máquina química o construcción sociocultural. Todas las interpretaciones contemporáneas de la naturaleza la convierten (ya sean científicas, new age o post-modernas) en un parque doméstico.

Mientras tanto el viento sopla, los pavos abren sus plumas y Bruce trabaja sus materiales.

Las esculturas de Origins tratan la esencia de la naturaleza desde un lugar que es simultáneamente familiar y extraño, que respeta la naturaleza en su aspecto irreductible y paradójico.

Las obras figurativas (metafóricas) y las biomórficas (más abstractas) constituyen la fauna y la flora de un profundo crepitar que nos rodea y que en cierta manera palpita en nuestro interior.

Os animamos a conocer esta particular mirada sobre lo vivo.

Jacobo Fitz-James Stuart

 

 

                                             

 Jaime Royo

 

Ascenso,

ligereza.

A pesar de

la materia

inquietante.

 

El Rey David

se declaraba

un gusano.

Su familia lo mandó a la montaña

porque era ingobernable.

 Cuando el profeta llegó a casa de su padre buscando al futuro Rey de Israel, le fueron presentados siete hermanos.

«Tiene que haber otro»

dijo.

«No puede ser...»

pensó su padre,

«¿David?»

En lo que nadie confía.

En lo que todos desechan.

Ahí la simiente.

 

La vida

nace en rincones oscuros. El lienzo del firmamento,

negro nos cobija.

 

Los úteros silenciosos de las madres. La vieja tierra donde

a oscuras germinan las semillas.

 

Una fuerza inevitable nos eleva, del misterio

a la esperanza muy concreta.

 

Retorcidas, las raíces nos sustentan. Homenaje a lo oculto y tan anónimo, a las

más

bajas

purezas, al origen de la forma, en donde abstractas, pelean como fetos cada idea y cada idea.

 

A veces fuego, a veces ilusión, a veces nada.

La estática union de una muerte inserta en

vida.

 

La plena normalidad de un viaje de ida y vuelta. Hugo Bruce es

metasboscquiano, viene de un jardín donde el espanto juega con globos a romper las leyes del espacio.

 

Ahora escarba

dentro, más a dentro, para alcanzar la esencia turbadora  

que le mira.

 

Hurga. Cuenta.

Desvela.

 

 

Jaime Royo